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viernes, 10 de junio de 2011

La Marcha de las Putas, 12 de junio, 2 pm.


No se les olvide: este domingo, a las 2 de la tarde, en diversos lugares del país, saldrá la Marcha de las Putas. La iniciativa comenzó gracias a Minerva Valenzuela, y ha sido apoyada por muchísimos grupos en todo el país.

No es sólo para mujeres, la idea es que todos los que estemos de acuerdo con los puntos e ideas detrás de esta marcha, lo hagamos juntos. Visiten el micrositio de Animal Político, para que se den una idea, si todavía no saben de qué se trata, y si se deciden a ir, no olviden seguir los cinco puntos básicos de comportamiento:



viernes, 1 de abril de 2011

Una buena noticia: ¡Atrévete! Hollaback! DF




Como sabrán los que hayan seguido este blog desde que comenzó, por aquí se ha argüendeado bastante en contra del acoso callejero a las mujeres. Incluso, organizamos una protesta callejera, para reapropiarnos de esos mismos espacios en los que se nos había hecho sentir inseguras, sólo por atrevernos a vestirnos como queremos.

La cuestión del acoso callejero, que incluye no sólo a mujeres, sino a homosexuales solos o en pareja, es una de esas que parecería superficial ante situaciones más terribles, y sin embargo, forma parte del mismo sistema de pensamiento: siguen existiendo grupos de la población que se ven como menos importantes, que sólo existen para ser objetos de escarnio o de deseo. Siguen existiendo personas que viven convencidas de que sus impulsos son los importantes, y que tienen el derecho divino de entrometerse en el recorrido cotidiano de las demás personas para hacerles saber lo que piensan de ellas y de cómo se ven.

Me llena de gusto saber que a partir de hoy, en la ciudad de México comienza un capítulo del movimiento Hollaback, que ofrece un espacio virtual de denuncia al acoso callejero en contra de mujeres y homosexuales. Allí se pueden compartir historias, locaciones y fotografías de las situaciones sufridas y de los agresores. Estoy convencida de que hacen falta todas las iniciativas de este tipo posibles, en donde podamos unirnos y hacernos fuertes en contra de ideas y comportamientos que, a pesar de ser culturalmente comunes, e incluso aceptados, sólo contribuyen a incrementar la sensación de inseguridad durante una actividad tan cotidiana como caminar en las calles de la ciudad donde vivimos.

Visiten http://mexicodf.ihollaback.org/ y ayuden a romper el silencio, que tanto daño nos hace.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Mujeres se pronuncian ante acoso en las calles

La reacción que tuvo el post anterior me tiene con la cabeza dando vueltas, y mientras pongo en orden las ideas para escribir al respecto, los dejo con una revisión de lo del sábado, por una persona que se encuentra lejos.

Nota originalmente publicada en el blog de Karenina Poncelac, una entusiasta de Guadalajara.


Ayer sábado, en la ciudad de México, un grupo de mujeres se citaron en la glorieta Insurgentes a las cuatro de la tarde. Cada una cargó la indignación de no poder salir a las calles sin recibir un grito, un roce o cualquier tipo de abuso a su persona. ¿Ser mujer implica ser molestada en las calles? ¡No!, exclamaron una veintena de mujeres en el performance realizado. Los transeúntes miraban curiosos, algunos preguntaban e incluso hombres interesados en solucionar el problema se manifestaron también.

Vestidas con faldas, tacones, pantalones y toda la diversidad de accesorios para el cuerpo que les gusta portar; se cubrieron con una sábana blanca. Después de quince minutos caminando alrededor de la glorieta, unificaron su grito: Libertad de andar por las calles y ser respetadas. Descubrieron sus cuerpos y repartieron volantes que sugieren tanto al agresor como a la agredida puntos para mejorar la convivencia en la sociedad. La idea de las organizadoras es sumar a más personas a este tipo de intervenciones.

Exigir y saber cómo cuidarte, es uno de los principales factores para que esto cambie. Aquí en Guadalajara habemos mujeres afectadas por el acoso del hombre en los espacios públicos. –Chula, mamacita- y va el agarrón, el chiflido o el susto al invadir tu intimidad de la nada. Sólo pedimos respeto y buscamos que más mujeres se animen a valorar su libertad y confrontar el problema.

Esta intervención urbana en la capital del país, es una buena motivación para cargarla diariamente. Hoy me pasó y ayer también. Hombres que te gritan por las calles y te generan incomodidad. Y si le pregunto que por qué lo hace, ¿Qué pasaría? Si le confieso mi disgusto, si le grito, si lo miro fijamente a los ojos o si lo denuncio. ¿Qué cambiaría?

Si te confrontan desde un automóvil, una motocicleta, andando de pie o en el camión; en cualquier lugar público o hasta en tu propia casa; no lo calles. Te invito a que nos envíes tu testimonio -público o anónimo- para hacer cada vez más fuerte nuestro grito y ser más las que cuestionamos estos actos y buscamos solucionarlos.

¿Tienes alguna idea de intervención urbana sobre este problema? Manda tu propuesta también. En pocos días y entre todas podemos organizar algo interesante. Desde una nota en 
Facebook se ha generado la simpatía de muchos por hacer algo. Hay varias propuestas y el martes se definirá la fecha de una acción con todo lo que logremos juntar. Por eso, es importante que si quieres participar nos envíes un correo a: chemespa@gmal.com

viernes, 15 de mayo de 2009

¡Mañana!


Muchas gracias a todas y todos los que han respondido favorablemente a la convocatoria. Espero ver a todos mañana. Por el momento les dejo el volante y un pequeño horario de cómo será:

4pm: llegada a la Glorieta. 
4:15 - 4:30: Comienza el deambular de las figuras fantasmales. Cada una puede salir del punto que decida y comenzar a caminar. 
4:30 - 5pm: Reunión en el punto de encuentro, en la zona de templetes de la glorieta, frente a un busto. El chiste es ir llegando una a una, las que vayamos cubiertas, destaparnos y tomarnos de los brazos. El tiempo es de media hora para dar tiempo de que lleguen más y de que quien quiera unirse lo haga.
5-pm - 6pm: Fin de la acción. Se repartirán los volantes y se leerá el texto que habla del acoso callejero. 

De nuevo, muchas gracias por la respuesta; es muy emocionante ver que poco a poco estamos generando un cambio.

¡Nos vemos mañana!

Descargar el archivo del flyer aquí. Son dos partes, una hoja de frente y una de vuelta. Hay que imprimir la hoja por los dos lados, cortar y repartir.

jueves, 14 de mayo de 2009

Pasó en el Metrobús - el silencio de muchas, la voz de unas cuantas.

Éste es un texto que deja clarísimo por qué se necesita alzar la voz y hacernos fuertes. 
Y todo fue por la acción del sábado. ¡Gracias, Gaby! Me siento muy orgullosa de ser amiga tuya.

Por Gaby de la O.

Es increíble las reacciones que una mujer puede recibir en cuanto levanta la voz o hace algo por las demás mujeres. En este caso, quiero compartir lo que acaba de sucederme.

En apoyo a la causa del performance del sábado, imprimí el volante y le saqué copias. Mi objetivo era repartirlo en el metrobús de regreso a casa. Entré a la estación de Durango, y sin problema alguno, empecé a repartir los volantes a las mujeres que me encontraba. Muchas de ellas, concentradas en la puerta que dice claramente “Exclusivamente Mujeres, Niños y Adultos de Tercera Edad”, ya que subirse en otra puerta implicaba por la hora tener que compartir espacio con los hombres, incómodas. Repartía y decía gracias con una sonrisa. Una vez en mi autobús, empecé a distribuir el volante a las mujeres. Algunas me decían “No gracias”, a ellas les explicaba brevemente de lo que se trataba, que era la invitación a quejarnos sobre no poder usar falda o escote o cualquier otra prenda en esta ciudad ya que siempre hay hombres que te acosan con la palabra y con la mirada, con el chiflidito, con el sonido de un beso asqueroso. Muchas de ellas, después de escucharme lo aceptaban, les brillaban los ojitos entendiendo perfectamente, como hermanando la situación por las que todas hemos pasado. Lo aceptaban, lo leían.

Bajé en una estación porque ese autobús venía muy vacío y me subí a otro. Éste estaba más lleno, y me fui de punta a fin a repartir el volante, predicando la explicación anterior en voz alta con una satisfacción increíble. Era delicioso poder hablar del acoso callejero así enfrente de los hombres. El problema se hacía verbo.

Subió más gente, y entre ellos un hombre de mediana edad que en la sección de mujeres ya estaba sentándose cómodamente. Después de repartir más volantes, sentí que lo que estaba haciendo y lo que estaba viendo no correspondían, y le dije “¿Sabe que esta es sección de mujeres? Bueno, entonces ceda el asiento a una mujer”. Él me dijo “¿Te vas a sentar?”, y yo le dije que no, y entonces con un “Bueno” se quedó ahí sentadote. Y después abrió la boca para decir “Ahorita que se suba una mujer, le doy el asiento”, a lo que respondí “Pues quiero ver, voy a repartir esto y vuelvo para checar que ya no estás aquí sentado”. (Ya le hablaba de tú).

Fui de nuevo hasta el final del camión, y regresé para verlo plácidamente sentado en el mismo lugar. Y entonces no quise callarme, y le empecé a preguntar que si no entendía que ésa era la sección de mujeres… “Pues yo no veo donde diga que es para mujeres” – “¿Ah no? A ver chofer –estábamos hasta delante del metrobús- Dígale al señor que esta es sección de mujeres”, a lo que me contestó “Pues sí le voy a decir, pero también voy a reportarte porque estás repartiendo publicidad y no puedes hacer 
eso”. El hombre sentado sonreía ya complacido. Yo, levantaba la voz con más coraje “Entonces si le vas a avisar al policía, también le vas a decir que baje a este señor que está sentado en la sección de mujeres”. El chofer tomaba ya el radio para reportar un 015 o algo así. Llegando en la siguiente estación, empezó a pitarle al policía con desesperación como si en verdad existiera ya una situación caótica. El policía se acercó, y escuché que el chofer sólo me estaba reportando a mí: me acusaba tal cual de estar repartiendo publicidad. Como si se tratara de un impulso contra la aburrición, el oficial saltó al autobús y me ordenó que me bajara. Yo me negué. “¿A ver tu publicidad?” Tampoco se la di. La tomó de otra señora, y me dijo que bajara. –“Pues entonces también baje al señor que no está respetando el lugar asignado para mujeres”. El señor se levantó y explicó que yo había sido muy prepotente y que no sabía nada de esas reglas. El policía, con muuuuucho respeto y amablemente, le pidió que se pasara atrás. Y con una frase que no he escuchado en meses de utilizar el Metrobús, dijo “Caballeros, por favor atrás”. El señor obedeció. El oficial ya se volteaba a verme, y me decía “Señorita bájese”. En todo este tiempo, ninguna mujer abrió la boca. Ninguna dijo, exclamó, me dio la razón, todas, calladas, supongo yo, con la inminente actitud aprendida de no tener problemas con la autoridad. Entré en shock y en profunda tristeza.

Bajé del Metrobús con el oficial, que ya me estaba pidiendo mi identificación. Yo me negué, y estaba buscando la salida. Total, pensaba yo, caminaba y me subía en la próxima para repartir volantes. El oficial insistía en que le diera mi credencial, y fue entonces que opté por suavizar mi voz y tomar una actitud buena-ondita. Le expliqué que yo no había hecho nada. Que mi “publicidad” era justo para impedir el maltrato a las mujeres, que se respetaran las reglas, lo que no hizo el señor sentado al que le habló con mucho respeto.

Por el contrario, el oficial no bajó la guardia, y corporalmente empezaba a amenazarme, y a acercarse. Su mirada era dura. Empezó a levantar la voz, a tomar su radio, todas, actitudes ceñudas e inquietantes. Me solté a llorar. Mucho. La gente alrededor empezaba a voltear. Y fue cuando una supervisora de la empresa se acercó y me preguntó qué me pasaba y qué me estaba diciendo el oficial. Y entre muchos sollozos y palabras cortadas le empecé a explicar lo que había sucedido. Enseguida, ella volteó a ver al oficial con enfado, su mirada decía “Pinche cabrón”, y le dijo “acompáñame”. Luego se dirigió a mí y me dijo muy suave “¿Quieres acompañarme a la próxima estación porque aquí no hay luz y me cuentas qué pasó?”. Y nos subimos y el oficial se quedó pegado a nosotras, dizque hablando por radio. Una vez ahí, yo no podía dejar de llorar. Me entró “el sentimiento” –como le llaman. Obvio que muchas personas empezaron a voltear a vernos y a escuchar. Al principio, yo no podía hablar. Me ganaba la impotencia, el coraje, la amenaza. Hasta que por fin, le expliqué a la supervisora –y tal vez lo dije muy alto- que el oficial me había bajado por repartir unas invitaciones, que sus movimientos corporales eran rudos, que me había gritado, amenazado y pedido mi credencial cuando yo no había hecho nada. En síntesis, que me había tratado como un criminal, cuando en realidad el acoso, el manoseo, el robo en el Metrobús sigue sucediendo. Ahí explotó todo.

Una mujer que venía sentada me habló y me dijo “Yo soy del movimiento feminista, ¿quieres reportar al oficial? ¿En qué te ayudo? ¿Qué te hicieron?”. Ella ya estaba levantándose con libreta en mano y preguntándole a la supervisora qué iban a hacer. Otro señor que venía detrás con su hija, me habló también y dijo muy indignado “¿Por qué no lo reportas ante tal y tal? ¡Ya estamos cansados que los llamados policías nos traten mal cuando viven de nuestros impuestos!”. Otro señor se acercó, y empezó a decir lo mismo, que lo reportara, que me quejara. Dos mujeres a los lados empezaron a apoyar diciendo algo así que ya estaban hartas de esos malos tratos. El oficial trataba de defenderse, sin éxito. De pronto se generó una nube de enojo, de rebelión.

Bajamos la señora feminista, un señor que nos dijo más tarde que era abogado, la supervisora, yo y el oficial quien, ridículamente seguía jugueteando con su radio. Todos empezaron a preguntarle por su identificación, todos empezaron a reclamarle por qué me había tratado así. Todos. Enojados. Disgustados. Hartos. El oficial ya con sonrisita ante la frase del abogado “Puedes perder tu trabajo por este tipo de actitudes”, se disculpaba ya conmigo. Y yo, firme, le decía que me había tratado mal y como criminal.

Al final, la supervisora quedó en pasar el reporte. Al final, el oficial dijo que él era joven y que le gustaban este tipo de eventos como los que decía mi publicidad (¿?). Al final y ya mucho más tranquila, me subí con la feminista. Para mi sorpresa y cuando me dijo quién era, recordé que ella había organizado cinco años atrás un evento en el zócalo en el que participó Dagger. Y entonces fuimos platicando bien en alto –las mujeres alrededor escuchaban con atención- sobre el performance, sobre el acoso callejero, sobre los escotes y las faldas. Ella me decía que en los setentas, sus primeras acciones de performance también fueron sobre el abuso sexual en el transporte, y que poco a poco esta inquietud se fue atenuando, hasta desaparecer por muchos años. Ahora ve con gusto que las voces se empiezan a levantar, que las mujeres se están quejando. Y que no hay nada mejor que recibir de pronto un volante como el mío donde queda claro que las mujeres no se están quedando calladas otra vez. Intercambiamos información. Ella traía un volante sobre la Semana Cultural de la Diversidad Sexual en donde se hablará de Pederastia, Discriminación, Pornografía, Femicidio, Teología, Globalización Sexual, entre otros.

Cuando nos despedimos, sus últimas palabras fueron “¡Sigue tu lucha!”, con el puño en alto. Me solté a llorar, pero no esta vez por sentirme débil e impotente ante la autoridad corrupta y el machismo del chofer, sino porque de alguna forma recibí un gesto, un abrazo, un cariño, una actitud materna, que para eso es lo que estamos las mujeres en el mundo, para apoyarnos y apapacharnos.

De esta experiencia, lanzo las siguientes preguntas y reflexiones:

¿Qué es exactamente lo que hace que las mujeres permanezcan calladas, en mi caso, cuando el oficial me ordenaba bajar del autobús, sabiendo que eran más civiles testigos, no dijeron nada?

¡Cuán profundas son las raíces de la educación paternalista que nos impiden como mujeres defendernos mutuamente!

Últimamente los hombres no hacen caso de las áreas del Metrobús, y ya son varias ocasiones que no nos hacen caso cuando les decimos que nos den nuestro lugar. Cada vez se hacen más pendejos y se quedan sentados. Esto nos está arrojando a la situación que pasa en el Metro, por ejemplo, donde de plano, no se respetan las áreas para las mujeres.

Hay tema para platicar. Y mucho material para hacer algo al respecto.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Acerca de la indumentaria del sábado...

Para todas las que vayan el sábado al performance, la idea original es llevar una tela que nos cubra para hacer ese primer recorrido fantasmal, misma que nos quitaremos al reunirnos y formar la cadena/círculo como de pingüinos. La elección de la ropa que cada una lleve es totalmente libre, pero la idea es llevar alguna prenda con la que alguna vez te hayan hecho sentir incómoda al caminar por la calle. Entiendo que no todas querrán llegar de minifalda y top pegadito, pues hay que llegar y regresar en la misma ciudad hostil de la que nos quejamos. No importa. 

Ni la sábana-burka, ni el outfit revelador son indispensables. Tú sí.

Si te interesa hacer el numerito completo, el recurso más fácil es una sábana vieja blanca. Lo que yo haré es comprar tela blanca suficiente para taparme, pues no tengo sábanas viejas. Pensando que mido 1.68 y que necesito que me tape, voy a comprar tres metros, para que queden 1.50 y 1.50 de cada lado. 

Y hay un toque extra, para las que se animen: haciendo referencia a que a fin de cuentas el acoso callejero es un tipo de violencia, varias de nosotras llevaremos maquillaje corrido, como después de haber llorado de coraje, de impotencia.

Una vez más, todos los detalles de vestuario y maquillaje son opcionales; lo indispensable es la presencia.

lunes, 11 de mayo de 2009

Volante invitación

Descarga un formato para imprimir, cortar y repartir aquí.

viernes, 8 de mayo de 2009

Por si ya se les había olvidado...

Tenemos pendiente una acción en la Glorieta de Insurgentes, en la ciudad de México.
En principio, les propongo el próximo fin de semana, el sábado 16 de mayo. Hora tentativa, las 4 de la tarde. ¿Qué les parece?

El procedimiento, a grandes rasgos, sería como sigue: Al llegar a la glorieta, usaríamos unas burkas fantasmales, hechas de tela ligera. Si tienen sábanas viejas o algo así, ese es el tipo de tela ideal. De preferencia que sean blancas. La idea es que al iniciar el performance, cada una de nosotras pulule como fantasma, sola, cubierta. Hay que elegir un punto, al que iremos llegando una a una, nos quitaremos la sábana para dejar al descubierto ese atuendo primaveral con el que no te gusta salir porque te dicen cosas que no te gustan, o te miran hasta hacerte sentir incómoda. Así vestidas, iremos tomándonos de los brazos, haciendo una cadena, un grupo fuerte que sostenga la mirada a la gente que pase.

Al terminar la acción, repartiremos volantes con una explicación de lo que constituye el acoso callejero, cuyo texto tentativo pondré por aquí en días futuros, para la revisión y consenso.

Como pueden ver, está a grandes rasgos, pero quedan detalles. Éntrenle con sus sugerencias y empiecen a correr la voz. Necesitamos ser tantas argüenderas como sea posible.

jueves, 16 de abril de 2009

Mujeres en la calle.

O de la necesidad de re-apropiarnos de nuestra ciudad.


Ayer, las mujeres afganas salieron a la calle a protestar en contra de una ley dirigida a los chiitas que, entre otras cosas, permite que los maridos tengan sexo no consensual con sus esposas, es decir, que las violen; permite el matrimonio infantil, y prohibe que una mujer salga a la calle sin la compañía del pene protector de su marido o pariente varón. Un grupo de aproximadamente 300 valientes salió a la calle y se manifestó frente a la mezquita del principal apologista de esta ley. Una contra-manifestación de hombres y mujeres las apedreó y les gritó, pero ellas realizaron su marcha, protegidas por una cadena de policías que incluía mujeres.

Y aquí "El peor machismo de todos" me dice que si uso shorts me busco que me acosen.

¿A qué viene todo esto? A que quiero aprovecharme de todas las lectoras que proponen que hagamos algo al respecto de la actual imposibilidad de salir a la calle como nos dé la gana sin que ello termine en bronca. Sé que este lugar lo visitan mujeres sensibles, entusiastas, creativas, con fuego en las entrañas... Lo sé porque a varias las conozco; lo sé también porque lo siento en las palabras iracundas y hartas de vivir en el encierro en una ciudad tan grande como esta. Aprovechemos esa rabia, ese entusiasmo, esa creatividad.

Hagamos algo.

Salgamos juntas a la calle. Juntas somos fuertes. Si en un país de machismo extremo las mujeres arriesgan su vida por defender sus escasos derechos, ¿no es necesario, indispensable, ineludible, que nosotras hagamos lo propio? Necesitamos hacer política de la de verdad, de la que no tiene partidos, de la que no tiene más colores que los de nuestra ropa. Necesitamos hacerle saber a esta ciudad que no nos gusta cómo nos trata y que ya no nos vamos a callar.

Hagamos un performance, una marcha, una protesta. Juntémonos todas y exijamos que se respete nuestro derecho a caminar vestidas con faldas, con shorts, sin tirantes. Invitemos a hermanas, amigas, madres, abuelas.

Propongo que resignifiquemos la infame Glorieta de Insurgentes y nos hagamos oír y nos hagamos ver como las mujeres argüenderas que nuestra ciudad necesita. Queda abierto este espacio para las propuestas de acción.

viernes, 3 de abril de 2009

El peor machismo de todos.




Es abril, y en la ciudad de México hace un calor infernal. En un mundo ideal, una mujer podría salir a la calle en estas circunstancias usando camisas sin manga, faldas más cortas y ligeras, o shorts; pero en el mundo real, en las circunstancias reales de esta ciudad, "atreverse" a usar unos shorts es exponerse a las miradas groseras de los hombres que se sienten con el derecho de poseer a una mujer aunque sea con la vista.

Lo peor es que esta conducta machista, reprensible en el ciudadano de a pie, se presenta también en quien se supondría que está para cuidar. Un ejemplo: Hoy, viernes, las dos mujeres con las que trabajo y yo salimos a tomar algo después de comer; una trae shorts; los hombres la miran como si nunca en sus vidas hubieran visto un par de piernas. Pasamos frente a un camión lleno de esos oficiales que tienen en espera de las reuniones de emos de la Glorieta de Insurgentes y que cumplen con la heroica labor de dispersar concentraciones juveniles. Oficial1 repite el gesto lascivo de todos los hombres de la colonia Roma y, no conforme con eso, despierta con un codazo a Oficial2 para que no se pierda la vista. La gota que derrama el vaso. FeministaGorda le reclama, le hace saber que su deber es dar seguridad a los que pasan, y no representar un riesgo más. Oficial1 y Oficial2 se refugian en el interior de su camión con cara de escuincles regañados.

Entonces se abre paso El Peor Machismo de Todos, encarnado en una mujer policía que me hace ver que "la vista es algo natural", que si no le dijeron nada, no tengo por qué reclamarles si "nada más" la vieron. Ante mi reclamo de que no es posible que alguien que representa la autoridad "nada más" vea así a una mujer, El Peor Machismo, el de una mujer, me dice: "Pues si no quiere que la vean, ¿para qué se viste así?" Mirada de incredulidad seguida de la ira de mujer argüendera de FeministaGorda y su amiga. No es posible que una mujer considere que está bien que un hombre le falte al respeto a otra, aunque "sólo" sea con la mirada. No es posible que, en vez de protegernos unas a otras, reciba de la voz de otra mujer ese argumento que justifica violaciones y maltratos: "Si no quieres que te vean/violen/peguen, no te vistas así" Y para colmo, otra mujer que pasaba por ahí, y que se quedó a oir todo el borlote, al final nos decía que si no nos gustaba ese trato, que para qué habíamos venido a México, que es de lo más normal que los hombres vean así a las mujeres, y que si no nos gustaba, nos fuéramos a encerrar a nuestras casas.

¡Carajo! Pues por supuesto que es "normal" que los hombres nos vean como pedazos de carne, si hasta las mismas mujeres lo ven así. Es "lo normal" en México que te miren hasta que te hacen sentir incómoda, porque su mirada trata de reducirte, de poseerte. Ahora resulta que lo anormal es exigir respeto a mi libre tránsito por las calles de la ciudad donde nací.

En India, donde la situación de acoso callejero es similar o peor a la mexicana, varias organizaciones de mujeres se han formado para combatir el eve-teasing, como lo llaman allá. Las mujeres responden a la agresión del acoso tomando fotos del mirón, convocando a barricadas de mujeres en zonas mayoritariamente masculinas, haciendo instalaciones y videos. Aquí, una mujer policía y una ama de casa me reprocharon por exigir el respeto que cualquier mujer, que cualquier persona, merece. Lo que hacen esas miradas "de lo más naturales" es acoso, y hay que nombrarlo con todas sus letras para tomar contra él las medidas necesarias. La primera, que las mujeres mexicanas hagamos un frente común contra quienes nos hacen del caminar cotidiano un viacrucis.