
Es abril, y en la ciudad de México hace un calor infernal. En un mundo ideal, una mujer podría salir a la calle en estas circunstancias usando camisas sin manga, faldas más cortas y ligeras, o shorts; pero en el mundo real, en las circunstancias reales de esta ciudad, "atreverse" a usar unos shorts es exponerse a las miradas groseras de los hombres que se sienten con el derecho de poseer a una mujer aunque sea con la vista.
Lo peor es que esta conducta machista, reprensible en el ciudadano de a pie, se presenta también en quien se supondría que está para cuidar. Un ejemplo: Hoy, viernes, las dos mujeres con las que trabajo y yo salimos a tomar algo después de comer; una trae shorts; los hombres la miran como si nunca en sus vidas hubieran visto un par de piernas. Pasamos frente a un camión lleno de esos oficiales que tienen en espera de las reuniones de emos de la
Glorieta de Insurgentes y que cumplen con la heroica labor de dispersar concentraciones juveniles. Oficial1 repite el gesto lascivo de todos los hombres de la colonia Roma y, no conforme con eso, despierta con un codazo a Oficial2 para que no se pierda la vista. La gota que derrama el vaso. FeministaGorda le reclama, le hace saber que su deber es dar seguridad a los que pasan, y no representar un riesgo más. Oficial1 y Oficial2 se refugian en el interior de su camión con cara de escuincles regañados.
Entonces se abre paso El Peor Machismo de Todos, encarnado en una mujer policía que me hace ver que "la vista es algo natural", que si no le dijeron nada, no tengo por qué reclamarles si "nada más" la vieron. Ante mi reclamo de que no es posible que alguien que representa la autoridad "nada más" vea así a una mujer, El Peor Machismo, el de una mujer, me dice: "Pues si no quiere que la vean, ¿para qué se viste así?" Mirada de incredulidad seguida de la ira de mujer argüendera de FeministaGorda y su amiga. No es posible que una mujer considere que está bien que un hombre le falte al respeto a otra, aunque "sólo" sea con la mirada. No es posible que, en vez de protegernos unas a otras, reciba de la voz de otra mujer ese argumento que justifica violaciones y maltratos: "Si no quieres que te vean/violen/peguen, no te vistas así" Y para colmo, otra mujer que pasaba por ahí, y que se quedó a oir todo el borlote, al final nos decía que si no nos gustaba ese trato, que para qué habíamos venido a México, que es de lo más normal que los hombres vean así a las mujeres, y que si no nos gustaba, nos fuéramos a encerrar a nuestras casas.
¡Carajo! Pues por supuesto que es "normal" que los hombres nos vean como pedazos de carne, si hasta las mismas mujeres lo ven así. Es "lo normal" en México que te miren hasta que te hacen sentir incómoda, porque su mirada trata de reducirte, de poseerte. Ahora resulta que lo anormal es exigir respeto a mi libre tránsito por las calles de la ciudad donde nací.
En India, donde la situación de acoso callejero es similar o peor a la mexicana, varias organizaciones de mujeres se han formado para combatir el
eve-teasing, como lo llaman allá. Las
mujeres responden a la agresión del acoso tomando fotos del mirón, convocando a barricadas de mujeres en zonas mayoritariamente masculinas, haciendo instalaciones y videos. Aquí, una mujer policía y una ama de casa me reprocharon por exigir el respeto que cualquier mujer, que cualquier persona, merece. Lo que hacen esas miradas "de lo más naturales" es acoso, y hay que nombrarlo con todas sus letras para tomar contra él las medidas necesarias. La primera, que las mujeres mexicanas hagamos un frente común contra quienes nos hacen del caminar cotidiano un viacrucis.