jueves, 28 de abril de 2011
El cuerpo de las mujeres
La televisión, creo yo, es el medio más profundo y de mayor alcance y es muy triste ver que el mensaje y los valores que nos muestra, apoyan el odio y la humillación hacía otras personas, especialmente hacía las mujeres.
Lo peor es que estos mensajes ofensivos son transparentes y aún así no hacemos nada por alzar la voz y acusar a quienes nos están definiendo de una forma tan limitada, patética, falsa, injusta y perversa.
El siguiente documental trata sobre la imagen del cuerpo femenino en la televisión libre italiana, sin embargo me parece que no está muy lejos de nuestra programación.
lunes, 7 de marzo de 2011
La maravilla de los blogs

Hace ya casi dos años, escribí al respecto de la ausencia de información sobre Hermila Galindo, particularmente sobre la carencia de fotos de esta mujer, fundamental para nuestra historia reciente.
Y como si de una de esas recetas de antaño se tratara, ese post se quedó reposando, serenando, todo este tiempo, hasta que, hace casi dos meses, apareció un comentario en mi bandeja de entrada, en donde Hypatia me dejaba, nos dejaba, un enlace a su blog, en donde habla del maravilloso legado de esta mujer. No conforme con eso, incluye una foto, misma que encabeza este post, y por la cual le agradezco infinitamente haberse tomado la molestia de comentar.
Ahí radica una de las facetas maravillosas de la escritura en este medio: así como hay anónimos que pueden pasearse e insultar como les da la gana, aparecen con el tiempo personas afines, que contribuyen a mejorar los espacios que visitan. Que los transforman, de ejercicios solitarios en comunidades vivas. Y éste es el tipo de cosas por las que debemos seguir peleando, hablando, escribiendo, actuando.
Muchas gracias, Hypatia. Muchas gracias, Hermila. Y muchas gracias a todos los que siguen leyendo estas letras.
martes, 30 de noviembre de 2010
Anuncio Parroquial pa' los que anden en Guadalajara

El jueves 2 de diciembre, a las 12:30, en el salón Mariano Azuela de La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se presentará el libro Óyeme con los ojos. De Sor Juana al siglo XXI. 21 escritoras mexicanas revolucionarias de Patricia Rosas Lopátegui, una apasionada de la creación femenina, y especialista en la vida y obra de Elena Garro.
Si andan por allá, dénse una vuelta. Si no, avísenle a quien pueda interesarle.
martes, 2 de febrero de 2010
Reporte de visita.
Dos ideas que resuenan en particular: Defender "el derecho a la memoria". El derecho a conocer y compartir nuestro pasado, las características culturales que nos definen y que aún hoy, si no pertenecen al mundo de las pieles y cabellos claros, no nos parecen lo suficientemente importantes. Pero si queremos que se vayan dando cambios en nuestra vida cotidiana tenemos que empezar reconociendo la necesidad de recuperar y nutrir todas las memorias que nos conforman como sociedad.
La otra, "la descolonización del pensamiento"; yo la entiendo como la necesidad de desprendernos de todos estos comportamientos aprendidos que nos hacen daño porque no tienen que ver con quiénes somos y que sin embargo nos rigen en nuestras decisiones y actitudes diarias. Una de estas colonizaciones mentales, muy mentada en este espacio rosa, es la que vivimos al respecto de las apariencias. Nuestras herramientas para calificar al otro provienen de modelos que no tienen nada que ver con las mayorías que viven en este país. Y también es necesario que comencemos por cambiar nuestros ojos y nuestra mente. Que aprendamos que los cuerpos de los demás no nos pertenecen, que la belleza no es una sola, que nuestras palabras están cargadas de sentidos históricos y que tenemos que aprender a reconocerlos.
Es emocionante estar frente a mujeres que han hecho una carrera de defender su derecho a ser reconocidas y respetadas. Saber de sus problemas para tener pareja (por argüenderas), de las renuncias que han hecho, de todo lo que han ganado en experiencias de vida. Emocionante, e inspirador.
martes, 1 de diciembre de 2009
La memoria de las mujeres.
Otro "texto invitado" que leí en El País, y que me parece que toca temas fundamentales acerca del trabajo que nos toca hacer día con día. Las negritas son mías.
Publicado por Rosa Pereda en El País, 1º de diciembre, 2009.
Lo nuevo después del Holocausto, me decía hace pocos días Reyes Mate, es la necesidad de incluir la memoria en el análisis. Y, me pareció entender, no sólo la facultad de recordar, sino los recuerdos mismos. Y eso, por dos razones: primero, para establecer los hechos. El recuerdo de la víctima, su sufrimiento, vuelve incontestable cómo fue que pasó lo que pasó. Particularmente cuando resulta inexplicable y sin razón, como en el caso del Holocausto, pero también de algunas otras realidades que, como los mundos de Paul Eluard, existen y están en éste. Es lo que pasa con las categorías del pensamiento, que como lentes focalizadas, cambian irremediablemente el sentido de la realidad que estamos analizando.
Pero la segunda razón es de otro orden, el de la moral, el de la intención del análisis: que los hechos que se analizan no se vuelvan a repetir. Obviamente, no todos los que piensan están en esa idea, que no se deriva de los hechos -algunos, estuvieron y están de acuerdo con la Solución Final; otros niegan que existió- pero sí puede derivarse de su análisis. De ese enfrentamiento con el horror. Lo fastidiado de la memoria es que obliga a las víctimas a recordar, pero también a los verdugos. Y es lógico que se revuelvan panza arriba.
Entonces, le pregunté a Reyes por la memoria de las mujeres.
El tema de las mujeres es espantosamente aburrido. Lo decía la feminista americana Susan Faludi: como las tareas domésticas, que acabas de limpiar el polvo y ya tienes que volver a empezar. Cada día hay que establecer los hechos, hay que demostrarlos, hay que volver obvio que no se pueden repetir. Los hechos, los tozudos hechos, hablan sobre las consecuencias de pensar que las mujeres somos naturalmente inferiores. Quiero decir: inferiores por naturaleza. Según esa idea, que tantos comparten aunque felizmente cada vez menos se atreven a formularla, es la naturaleza la que impone el papel familiar y social de la mujer, y su sitio en la estructura del poder, de la autoridad. No se trata sólo del poder político, también es el poder de tomar decisiones. Incluso, sobre nuestra propia vida.
La supuesta -dada por supuesta- inferioridad (natural) de la mujer, ha dado como resultado más de la mitad de la población, las mujeres, sojuzgadas y humilladas. Por siglos. Recluidas en la "zona húmeda" de que habla Bourdieu, que no siempre es metafórica, pero que siempre está ahí, y contagiadas de la suciedad que quitan. Siempre hay mujeres en las limpiezas, y siempre está la limpieza en el horizonte mental. De los hombres -de los varones- y de las mujeres. Unos, ellos, lo verán como un derecho, el suyo. Otras, nosotras, como una amenaza, real o metafórica, y en el mejor de los casos, como una perplejidad. No conozco una sola mujer que no haya conocido la agresión física, oral, fáctica, por el hecho de ser mujer. Ninguna que no haya tenido miedo en algún momento. Ninguna que no se haya visto limitada alguna vez, por el hecho de ser mujer. Y como todo eso se vive de una en una, cada una en su única vida, la memoria de las mujeres es como para echarse a temblar.
Es, efectivamente, el relato de las víctimas. La versión de las víctimas. Y aquí hay que ser muy claros, porque la tentación es echarles -echarnos- la culpa. No es un mecanismo exclusivo contra las mujeres, pasa siempre. No sólo con los judíos: cuando desaparecieron los chupados de las dictaduras del Cono Sur, algo habrían hecho. El casi centenar de mujeres que están muriendo en España cada año a manos de sus maridos, el millar de ellas que mueren en Europa cada año, castigo a su insumisión. Algo harán. Las apedreadas, violadas legalmente, azotadas en público, quemadas con ácido, en muchas sociedades islámicas, lo son conforme a su ley... ¿Por qué no les escuchamos a ellas? ¿Por qué no nos escucháis?
Sencillamente. Ninguna opresión, ni económica, ni doméstica, ni política, deja de rendir dividendos -léase dineros, servicios, autoestima: poder, en suma- a los opresores. El sistema del poder no es en absoluto inocente. Es, además de malvado, interesado. Y no tiene nada que ver con la naturaleza. Es propia y enteramente cultural: inventado. Podría haber sido, y será, de otra manera.
¿Y qué hay de los afectos? Aquí está la trampa terrible. Porque cuando hablamos de la opresión de las mujeres, estamos hablando, para empezar, de la estructura familiar, allí donde se afianzan y transmiten los valores, y donde se cristalizan, cotidianamente, las conductas. La familia, que además de un sistema de autoridad, es una red poderosísima de afectos. Para nadie como para las mujeres, la familia es el núcleo de la incondicionalidad. Y, sobre todo para ellas, según lo previsto por el mando y gracias a esos afectos, el lugar donde se realiza su razón de ser. Claro que las mujeres amamos: incluso más allá de la vida. Por amor -escuchemos a las víctimas- se concede esa última oportunidad fatal. Por amor se vuelve a creer esa promesa mil veces incumplida antes. Por amor se disculpa lo imperdonable. ¿Pero hay algo que pueda justificar los sufrimientos infligidos? Desengañémonos: no hay afecto en la violencia. Las mujeres deben saber que el maltrato en el grado que sea es incompatible, rigurosamente incompatible, la prueba del nueve, con el más mínimo afecto.
Porque al final, estamos hablando de un engaño, de una montaña de mentiras, de una trama puramente ideológica y nunca puesta a prueba, que tenemos que desenmascarar. Sólo la memoria del sufrimiento, entrando en el análisis; sólo el relato de las víctimas, fijando los hechos; y sólo el convencimiento de que el sufrimiento es injustificable, puede ayudarnos a terminar con un mal que es una vergüenza.
Estar hablando de este tema, estar quemándose con este tema es, se lo juro, señores, espantosa, horrorosamente aburrido. Pero hay que volver a quitar el polvo. Porque ahí están los hechos, y estamos hablando de sufrimiento. Innecesario, evitable, injustificable. Y tenemos que acabar con él. Chicas, que ninguno de los hombres que haya en vuestra vida sea más que vosotras. Chicos: que ninguna de las mujeres que haya en vuestra vida sea menos que vosotros. Amén.
viernes, 27 de noviembre de 2009
La Santa Catarina, piririn, piririn, pam, pam...

El 25 de noviembre (en el mismo día de la no violencia contra las mujeres) se celebra el día de Santa Catalina de Alejandría, santa de las mujeres solteras, santa virgen y doctora de la iglesia. Era tradición en lugares como Francia que las mujeres solteras llevaran tocados o sombreros decorados en colores verde y amarillo para evidenciar su soltería y pedir a esta santa que les consiguiera un marido. Actualmente, en el barrio de sombrereros de París, las chicas repiten este ritual, pero en un sentido más juguetón y principalmente para tener la oportunidad de coronar sus cabezas con lo que se les ocurra.
Desde hace dos años, unas amigas y yo hemos adoptado la actividad, más que para atraer parejas, para crear espacios en los que podamos compartir opiniones, actividades, platicar. En resumen, para crearnos pequeños espacios de sororidad, espacios para jugar a las manualidades, para tomar té y para ventilar lo que nos preocupa, nos interesa y nos hace felices. Se podría decir que hemos adoptado a Santa Catalina en su papel de inspiración para las mujeres inteligentes, antes que en su papel de casamentera esposa virgen de Cristo (papel al que le veo enormes problemas) Y a esta mujer inteligente es a la que dedicamos nuestros desvaríos sombreriles.
Cualquier pretexto para pasar tiempo de calidad entre mujeres que se quieren, se respetan y disfrutan de su compañía es bueno y debe agradecerse. Así que agradezco tener a Catalina como un pretexto más para recordarme lo feliz que me hace estar junto a estas mujeres maravillosas. Y hago pública mi intención de apropiarme de su festividad y despojarla de su carácter pon-al-santo-de-cabeza-para-que-de-una-vez-te-cases y enfocarme en la celebración de la inteligencia femenina, porque siento que nos hacen falta más oportunidades para disfrutarnos como mujeres en compañía. Y porque a las que tenemos pareja también nos gusta ponernos sombreros.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Alí Desirée Cuevas Castrejón (1985 -2009)
Alí Dessiré Cuevas Castrejón, estudiante de Letras Clásicas de la UNAM, poeta, feminista que formaba parte de una colectiva, estaba comprometida con todas las causas por un mundo más justo. Nació el 19 de septiembre de 1985, estaba por titularse y contaba en su haber con varios poemas publicados. Acababa de cumplir 24 años la mañana del 20 de septiembre pasado cuando, Osvaldo Morgan Colón, el hombre que supuestamente la amaba, quien fue su novio durante casi un año, le asestó 25 puñaladas en su cuerpo, y luego intentó suicidarse. Los testigos presenciales, quienes estaban aún en casa del asesino después de la fiesta de cumpleaños, llamaron a la ambulancia primero y a la policía después.
En este momento, el feminicida se encuentra en el Reclusorio Norte, donde se le dictará sentencia. Antes de que la policía llegara al lugar de los hechos, las y los reporteros gráficos de los diarios sensacionalistas arribaron con cámaras y tomaron fotos de los cuerpos, así como de los testigos presenciales, fotografías que fueron publicadas con notas inventadas por esos reporteros. Estas y estos reporteros gráficos obtuvieron la nota del día y pasaron por encima de la dignidad de Alí Cuevas a quien criminalizaron de haber iniciado una pelea. Por supuesto, los dichos de esos diarios amarillistas son sólo mentiras. Una vez más, ante el feminicidio, la criminalizació n de la víctima.
La manera en que Alí Cuevas murió es un feminicidio más y muestra cómo ninguna está fuera de peligro, ninguna sabe si el enemigo está en casa. El feminicidio es el asesinato de mujeres por el simple hecho de ser mujer. La violencia ejercida contra las mujeres forma parte de un hecho social y político de enorme impacto y trascendencia, no sólo en México, sino en el mundo entero, como parte de la educación sexista contra las mujeres, y que tiene incidencia también en el abuso a niñas y niños.
Al menos tres mujeres son asesinadas diariamente en el Estado de México, Veracruz, Chiapas, Guerrero, el DF, Chihuahua, Oaxaca, Sonora, Baja California y Morelos, respectivamente. Fuentes no oficiales indican que en los últimos 10 años han sido asesinadas por lo menos 10 mil mujeres en todo el país, muchas de ellas a manos de su pareja. Según datos del Servicio Médico Forense, del año 2004 al 2009 el Distrito Federal saltó del lugar séptimo al primero en el número de asesinatos de mujeres.
El feminicidio no debe quedarse sólo en cifras. Debemos denunciarlo como parte de una política de control contra las mujeres. La violencia contra las mujeres es una forma de control social. Además, la crisis económica y la inestabilidad política desatan la violencia y las principales víctimas son las mujeres.
Queremos que la memoria de Alí Cuevas no sea sólo una cifra, como no lo deben ser los asesinatos de mujeres. Queremos que la memoria de Alí Cuevas no sea una nota más de la prensa sensacionalista, como no lo deben ser los asesinatos de mujeres. Ni cifra, ni nota amarillista. El feminicidio es un asunto político y social.
viernes, 10 de julio de 2009
Do you think I'm sexy?
Murióse Michael Jackson, hubo elecciones en mi país (México), noticias varias de desgracias y nada me hacía escribir. Y de repente. La vi. En Facebook. Entre las fotos de una de mis primas, varios años menor que yo, hay una sección que se llama algo como "this pics I like". Fotos de ella, en las que - imagino - se gusta. Fotos en las que mira de ladito, con el pelo suelto, el ojito entornado y la boca semiabierta. Autofotos tomadas en su recámara, en su baño. Autofotos que, con las variables de que se trata de otros cientos de mujeres, ya había visto muchas veces antes. "MySpace photos". Esas fotos de chicas de todas las edades - pero entre más jóvenes, mejor- en las que ellas mismas se presentan como objetos sexuales, como mujeres dispuestas, como personificaciones del sex-appeal. Y más que asustada, ofendida, o molesta, me sentí aburrida.