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jueves, 19 de mayo de 2011

Noticias, noticias


A partir del lunes 30 de mayo, comenzará a transmitirse por CódigoDF Radio, la estación por internet del Gobierno de la Ciudad de México, el programa Nuestra Habitación, en el que participamos tanto Ana como una servidora, acompañadas por las maravillosas Gabriela Damián y Claudia Silva.

Nuestro programa estará dedicado a cuestiones de equidad de género y reflexiones alrededor de manifestaciones culturales desde esta perspectiva.

Ya llevamos grabados dos programas, y nos entusiasman todas las nuevas posibilidades que este medio puede ofrecernos para crear diálogo con más personas. De momento, pueden visitar el blog, o seguirnos en twitter, para ir conociendo más detalles al respecto.

jueves, 28 de abril de 2011

El cuerpo de las mujeres

Los medios de comunicación dicen mucho de quienes somos.

La televisión, creo yo, es el medio más profundo y de mayor alcance y es muy triste ver que el mensaje y los valores que nos muestra, apoyan el odio y la humillación hacía otras personas, especialmente hacía las mujeres.
Lo peor es que estos mensajes ofensivos son transparentes y aún así no hacemos nada por alzar la voz y acusar a quienes nos están definiendo de una forma tan limitada, patética, falsa, injusta y perversa.

El siguiente documental trata sobre la imagen del cuerpo femenino en la televisión libre italiana, sin embargo me parece que no está muy lejos de nuestra programación.


miércoles, 23 de marzo de 2011

You keep using that word...



Hace un par de días, la revista Replicante publicó una columna de opinión titulada "Feminismo y otras falacias". La autora, Tania Tagle. El texto, un desastre.

Con motivo de la conmemoración del 8 de marzo, Tagle se avienta esta opinión, en la que busca evidenciar cómo el feminismo (entendido únicamente como el feminismo sesentero rabioso y quemabrassieres) ha servido para que las mujeres se auto-victimicen, y manipulen todas sus circunstancias a su favor. Critica las cirugías plásticas, el arreglo personal, y la noción de que liberarse es gastar miles de dólares en un bikini de Gucci. Pero también habla de situaciones terribles, como la violencia de género, desde esa comodidad que da el privilegio, desde esa postura Susanitesca, molesta porque las pinches viejas siguen jodiendo con que no quieren que se sigan matando mujeres sólo porque son mujeres. ¿Qué no ven que ya estamos en una sociedad post-género? parece preguntarse la autora, ¿qué no ven que yo tengo ya todas mis necesidades cubiertas? Y utiliza el mismo ejemplo al que tantos personajes privilegiados recurren al desestimar la situación de género en México: Ni que estuviéramos en los países del Medio Oriente. Ahí sí que hay inequidades debido a la religión. Así que no se quejen, señoras manipuladoras que nomás van a la universidad a buscar marido.

De verdad que dan ganas de gritar ante tal ceguera, ante tal despliegue de privilegio, ante tal ignorancia al respecto de lo que sucede en su propio país. Y ese es un texto escrito por alguien que ha recibido educación. Por alguien que tiene acceso a un medio más o menos importante. Alguien que, con todas estas ventajas, no fue capaz de hacer una búsqueda más allá de los lugares comunes, de los favoritos de esa intelectualidad que frunce la boca cada que se le recuerda que todavía se viven inequidades incluso en los lugares más elitistas y privilegiados. Resulta terrorífico que alguien que supuestamente lee y escribe como modo de vida, alguien de quien podríamos suponer un contacto con numerosos puntos de vista diversos, con la capacidad y las herramientas para hacer una investigación, prefiera quedarse en la comodidad de lo que ya sabe y ve todos los días.

Que después de toda la serie de comentarios que recibió al respecto de su texto (léanlos, por favor, esos sí valen la pena), siga prefiriendo no saber qué quiere decir realmente el término y las ideas que decidió criticar.

jueves, 3 de marzo de 2011

Una de post-post-Oscares

Como ya es jueves, esto de los Oscares seguro ya está fuera de las cabezas de todos, ya es tema passé, pues (más, si Charlie Sheen sigue dando entrevistas).



Y sin embargo, después de haber leído varias reseñas sobre lo aburrídisimo de la entrega, lo predecible de los premios, lo soso de James Franco conduciendo, una idea me da vueltas. Todos sabemos que varias veces la Academia ha favorecido películas olvidables y hecho a un lado otras que resultan cruciales para la historia del cine, y de la cultura popular en general. Uno de los ejemplos favoritos es el triunfo de Kramer vs. Kramer, que tuvo a Apocalypse Now como la contendiente "que sí era la buena".

Aquí va mi declaración sumamente anti-cool. Ya sé que en el mundo de "las cosas importantes", querer invadir Polonia tras escuchar a Wagner rankea muchísimo más alto que ver el divorcio de una pareja y sus broncas de custodia. Pero si algo resulta fascinante, si algo hace que yo siga viendo esa película cada vez que la vuelvo a encontrar en la tele, es que ofrece una imagen bastante interesante, y extremadamente rara, de la evolución emocional de un personaje masculino que tiene que establecer una relación maternal con su hijo. Es una película con la que asimilamos que es posible la masculinidad de otra manera.

Y yo sé que es mi opinión personal, y que para más inri, yo represento por partida doble todo lo que para hollywood es indeseable (soy mujer y tengo más de 25, así que en términos prácticos, no existo para ellos) pero a veces me resulta un poco triste que la ninguneen tanto ante el olor del napalm por las mañanas.

jueves, 22 de julio de 2010

Estimado MAC, Vete a la mierda.

Me imagino que ya se enteraron de la línea de cosméticos que MAC ha sacado en colaboración con la marca Rodarte, en alusión a las muertas de Juárez (ya sé que las señoritas Rodarte dicen haberse inspirado en el paisaje desértico, pero todo el marketing parece indicar otra cosa) No voy a poner las fotos, porque me indigna nada más verlas. Pero sí los voy a invitar a que le dejen su opinión a la gente de MAC, si esto les molesta tanto como a mí. Si no, córranle por sus pinturitas color coágulo y jueguen a que les cortan los pechos, las mutilan y las dejan tiradas en un terreno, que al cabo en la carrera por ser super hip y super rompedor todo se vale.

Yo les escribí esto (que seguramente no les importará, pero me deja más tranquila), en caso de que necesiten inspiración:

A quien corresponda,
Escribo esta carta para hacer patente mi indignación acerca de la línea de cosméticos que se ha lanzado en estos días en colaboración con la firma Rodarte, y que toma como inspiración las condiciones de violencia de género en Ciudad Juárez, Chihuahua. Sé que la justificación estética de las personas a cargo de Rodarte es que, de paso en un viaje en automóvil, quedaron prendadas de los colores desérticos de la zona. Si este fue el caso ¿Por qué hacer una campaña de marketing en la que las modelos aparentan estar muertas y con signos de golpes y sangre en el cuerpo? Y sobre todo ¿Cómo es posible que se haya aceptado respaldar y producir esta línea a sabiendas de que su marca opera en México, el país en donde tienen lugar estas constantes violaciones a los derechos humanos?

Entiendo que la finalidad de una línea de cosméticos es principalmente vender su producto y ganar cuanto se pueda con él, y que las vidas de unas cuantas de esas personas desechables, como son las mujeres pobres de un país tercermundista son lo de menos. Sin embargo, me parece aberrante, terrible, indignante, que una compañía que en la elección de sus voceros, de sus representantes, había cuidado tener una imagen más pensada o más incluyente, comparada con la de otras compañías, haya tomado una decisión como la de respaldar una línea de cosméticos inspirada en las muertas de Juárez.

Entiendo también que haya personas a las que éste les parezca un tema poco importante, particularmente si gozan del privilegio de no vivir en países en los que la violencia contra las mujeres se hace presente en sus peores y más cruentas versiones todos los días, como debe ser el caso de las encargadas de Rodarte, y de los directivos de esta marca, por lo que una reacción como ésta, debe resultarles una exageración propia de alguien hipersensible y neurótico.

Sin embargo, ese no es mi caso. Ni el de mucha gente que conozco, que toma en serio estos temas, y a todos nosotros nos parece repugnante la existencia de maquillajes que se llamen Bordertown y Factory, frivolizando las condiciones de vida de las mujeres que trabajan en las maquilas y que son violadas y asesinadas todos los días por el simple hecho de ser mujeres.

Sé que la compañía ha presentado su "disculpa institucional" en la que lamentan que la gente se haya ofendido, sin tomar responsabilidad acerca de que la decisión de promover y vender una línea así fue una acción irresponsable, insensible y una falta de respeto total hacia una situación indignante. También sé que donarán 100,000 dólares a alguna fundación caritativa de Ciudad Juárez. Cien mil. Cuando una sola de las tiendas MAC en Inglaterra factura ciento treinta mil en una sola semana. Espero que no les afecte demasiado tanta generosidad.

Por mi parte, con la misma falta de generosidad y de tacto que ustedes han demostrado hacia las mujeres que mueren en mi país todos los días, no volveré a comprar un solo producto de su marca, y haré lo posible por difundir lo vergonzoso de sus actitudes, en espera de convencer a más personas de hacer lo mismo. Sé que las personas con un nivel mínimo de principios, lo harán.

Me despido decepcionada, enojada y todavía sin creer que vender una sombra o un rubor valgan más que la dignidad y el respeto hacia miles de mujeres trabajadoras muertas.

Atentamente,
Alejandra Espino.

Como lectura complementaria, les recomiendo el blog de Laura Wheat, en donde hay información tanto de la campaña, como de la vergonzosa patraseada.

EDITADO: En este blog hay un texto estupendo, así como una lista de todos los sitios en los que se ha hablado al respecto.

miércoles, 2 de junio de 2010

El México del "Sí se puede"

Vivimos en un país machista, de eso no hay duda. Y en un país racista, clasista, homofóbico, católico, apostólico, futbolero y guadalupano. Pero decir esto en voz alta nos traería el desprecio de los siempre bienintencionados medios de comunicación - y de muchos de sus seguidores -, que parecen empeñados en correr un velo sobre todo lo que sucede en la vida cotidiana, en la violencia cotidiana que se hace presente por todos lados. La cuestión ahorita es hacer como que México es lo máximo, produciendo una serie de spots en los que modelos altas, blancas y delgadas (el prototipo de la belleza local, vaya) se contonean en entornos paradisiacos de la geografía mexicana. Curiosamente (o no) esos parajes de ensueño - los que todavía no se venden al mejor postor para hacer campos de golf - están a escasos kilómetros de las zonas que son constantemente mencionadas por la violencia que rige en sus calles, o por los abusos institucionales contra los más débiles.

Y por si fuera poco, por si estos anuncios no fueran lo suficientemente insultantes, desde el fin de semana nos torturan con otra serie, que pertenece a un perverso proyecto llamado Iniciativa México: perverso no porque esté mal "reconocer los esfuerzos de la sociedad mexicana que contribuyen a construir un mejor país", sino porque los auspiciantes son las mismas televisoras que nos han demostrado una y otra vez que no les interesa un mejor país. Que lo único que buscan son ganancias fáciles y rápidas. Que siguen perpetuando imágenes de mujeres sumisas, de hombres "bien hombres" y de homosexuales -hombres, las lesbianas no existen- como locas chistositas. Que en un estado laico, transmiten las misas de la catedral que celebra un personaje conocido por proteger pederastas. Y que en favor del fervor mundialista ($$$) hacen a un lado todo tipo de notas que deberían de informarnos acerca de lo que sucede en este país. De lo que le sucede a la gente indefensa ante la podredumbre y corrupción de las instituciones.

Hacen a un lado información como el ataque de un grupo de policías a un refugio de mujeres maltratadas en Cancún. El ataque al grito de "¡Dénme a mi mujer!" de un policía local, acompañado por otros cinco hombres, todos armados, respaldados por autoridades de la región. En el México que Javier Aguirre "a veces no entiende, pero siempre ama", es posible no sólo que un marido golpee repetidas veces a su mujer, le rompa la nariz con una plancha y le niegue la comida a ella y a su hijo; también es posible que dos denuncias anteriores contra él, no procedan por sus contactos en el Ministerio Público. Y por si fuera poco, es posible que irrumpa a gritos y patadas, además de amenazas hacia las encargadas del centro, en un lugar que debería ser un espacio que protegiera a las mujeres que han experimentado violencia en sus relaciones, en sus casas, en sus cuerpos. ¿Por qué estas noticias no llegan a la primera plana? ¿Por qué seguimos olvidando todos esos casos de abusos - la guardería ABC, la niña violada en Yucatán que tendrá que parir al hijo de su padrastro - que nos hablan de lo descompuesto que está nuestro país? ¿Por qué seguimos endiosando a un grupo de futbolistas mediocres, gastando cantidades de dinero absurdas en tiempos de crisis, haciendo como que hay algo que festejar tras doscientos años de complejos y abusos, en vez de hablar claramente de lo que está mal y de qué necesitaría hacerse para corregirlo?

¿Será porque las desgracias de los pobres no venden pantallas de plasma? ¿Porque las mujeres maltratadas no se parecen a las de los anuncios del México Bicentenario? ¿Porque hablar de lo que está mal en este país nos hace malos mexicanos? Los mensajes que se reciben de los medios y las autoridades eso parecerían indicar, además de reiterarnos lo poco que valemos los que no somos "amigos de alguien", lo poco que valemos mientras no se trate de hacerle el gasto a la supertienda, a la supermarca, a la supertelevisora.

Mientras tanto, habrá que seguir hablando, para que no haya sólo una versión de cómo son las cosas en esta parte del mundo.


viernes, 22 de enero de 2010

Texto invitado

Encontré este texto esta mañana. Y lo sentí muy a tono con muchas cosas que pienso y siento estos días, así que aprovecho para compartirlo. Las negritas son mías.

Penca y pastelazo
Juan Villoro
22 Ene. 10

Durante la presentación de la serie de programas Discutamos México, Miguel León Portilla hizo un pertinente llamado a entender el debate como una forma de la crítica. No podemos ser complacientes con lo que en las novelas policiacas se llama "el lugar de los hechos" y en la Historia se llama "la patria".


La perplejidad de vivir en esta tierra comenzó desde hace mucho. En La visión de los vencidos, León Portilla recoge estos versos, compuestos en náhuatl entre 1430 y 1519: "¿A dónde pues iremos?/ ¿Cómo sufriremos aquí?". En 1958, Carlos Fuentes ofreció un eco a esa interrogante: "Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire". Patria: lugar del destino inescapable.

No escogemos un país en el surtido de las naciones. Te toca uno y aprendes a quererlo o soportarlo. El nuestro cumple doscientos años de una vida que puede llamarse "independiente" si se omite el hecho decisivo de que casi todos los bancos son extranjeros.

De madrugada, las preguntas son terribles. Pensemos, al modo de las leyendas antiguas, que nuestro país duerme un sueño profundo, recostado en sus montes y sus valles. De pronto un temblor lo despierta. Son las cuatro de la mañana y la nación padece vértigo existencial: "¿Es necesario que exista?", se pregunta.

Ahondemos en ese despertar tan próximo a una pesadilla: ¿es necesario que haya mexicanos? ¿Qué perdería el mundo sin nuestra especificidad regional?

Hace unos días, un conductor tomó el segundo piso del periférico "a valor mexicano", es decir, sin precaución ni permiso. Conducía un camión de basura. Ya en lo alto, perfeccionó el desastre y se desplomó sobre tres coches. La metáfora no puede ser más inclemente: la basura cae del cielo para aplastar a quienes sufren aquí.

Uno de los problemas de ser mexicano es que otros también lo son.
No es habitual que un compatriota se desplome sobre ti desde un puente, pero puede pasar. Lo habitual no siempre es mejor.

¿Cómo sobrellevamos la vida en común? Esta semana 23 presos murieron en una reyerta en la cárcel de Durango. La explicación cómoda consiste en pensar que los violentos no saben convivir. ¿Qué tan bien convivimos los que estamos fuera de un penal?

En una canción reciente, Alejandro Fernández propone un nuevo trato entre mexicanos y mexicanas: "Unas nalgadas con pencas de nopal/ es lo que ocupas por falsa y traicionera./ Cómo te amaba, qué bruto, qué animal/ cómo fui a darte mi amor a la ligera./ Unas nalgadas con pencas de nopal,/ una lección es la que te mereces./ Unos rasguños con espina de maguey,/ hoy se me antoja jugar gato en tus cachetes;/ me hacías piojito y luego me 'hicites' güey/ ya te veré empeñando los aretes". Es obvio que El Potrillo no necesita escándalos para triunfar. Seguramente, la canción le pareció divertida y no pensó que podía tener consecuencias.
Lo grave está precisamente en eso; en ignorar que se trata de una ofensa.

¿Cuándo empezamos a malentendernos? Nuestro escudo nacional es el único que representa un acto de depredación. ¿Debemos entenderlo como un modelo para actuar como el águila y la serpiente y usar la penca como sugiere Alejandro Fernández? Por supuesto que no.

Sin embargo, las noticias indican que somos víctimas de algo que podríamos denominar "maldición del escudo". Unos se creen águilas y otros serpientes. Incluso los pastores de la Iglesia, que profesan una fe de conciliación y amor al prójimo, caen en la intransigencia. Es el caso del Cardenal Norberto Rivera, quien practica un catolicismo selectivo donde no caben disidentes.

¿Y qué decir de la intolerancia en los medios? El conductor de Televisa Esteban Arce se refiere a los homosexuales como "puñales" y hace poco dejó caer este alarde oratorio: "La finalidad de la vida sexual es la reproducción... comer Cheetos por las tardes y masturbarse es una preferencia pero no es normal". Arce considera anormales a quienes se tocan a sí mismos o tocan a alguien de su mismo sexo. Esto lleva a una pregunta: ¿cómo es un mexicano normal? ¿Se parece al chofer del camión que se despeñó del segundo piso, al golpeador con penca, al arzobispo de México, a los Zetas y los miembros del cártel de Sinaloa que se enfrentaron en el penal de Durango, al comunicador que juzga perverso a Elton John? Todos son mexicanos por igual. Y
no sólo eso: ninguno de ellos califica como extravagante. Se trata de gente que piensa y actúa como muchos otros mexicanos. ¿No ha llegado la hora de ser típicos de otro modo?

Mientras esto ocurría, ese especialista en festejos que es Felipe Calderón, le hundía la cabeza en un pastel al director del ISSSTE. Tal vez me falte imaginación, pero no concibo un acto oficial donde Vaclav Havel, Olof Palme o Lázaro Cárdenas le hundan la cabeza en un pastel a un subordinado. "Yo quiero celebrar con alegría y patriotismo", dijo Calderón en su mensaje del 4 de enero. Ya sabemos a qué se refería.

Lo único que alivia este recuento es que no incluye a ninguna mujer. La verdad sea dicha, es más fácil celebrar la matria que la patria.

viernes, 11 de diciembre de 2009

"La tienda departamental"




De nuevo es viernes. Y ahora sí estoy enojada. Como se reportó en varios medios, nacionales e internacionales, desmantelaron y detuvieron a los responsables de una maquila clandestina de bolsas y pinzas para ropa. Rescataron a 107 personas, menores de edad, ancianos, muchos de ellos indígenas, y se descubrieron historias terribles de mala alimentación y abusos sexuales. Una muestra más de que vivimos en un país en donde los derechos de las mal llamadas minorías, son los que menos importan, a las autoridades, a las empresas, carajo, si hasta entre nosotros mismos nos hacemos pendejos cuando se trata de maltrato "a los mismos de siempre".

Nos encanta referirnos a lo injustos y horribles que son los métodos de trabajo en China, cuando esas situaciones se dan en nuestros barrios, en nuestras ciudades, y quedan como notas que quizá nos amarguen el desayuno, nos hagan mover la cabeza en desaprobación y ya. De regreso a nuestras vidas, de regreso a "la tienda departamental" en busca del nuevo par de zapatos, del perfume, del trapito que nos hará sentirnos mejor acerca de nosotras mismas. Que pondrán en una de esas bolsas de plástico, de esas cajas de regalo que se hicieron a costa de hacer sentir a 107 personas que eran menos que nada. A costa de que 107 personas fueran violadas física y emocionalmente. De que a 107 personas las quebraran como nosotros nunca sabremos que es posible.

Lo peor es que "la tienda departamental" no ha hecho nada al respecto. No se ha pronunciado en ningún sentido, no ha pedido disculpas, no ha prometido reforzar su compromiso con ese vago concepto al que en esos corporativos llaman "responsabilidad social". Y peor aún, que en los medios de este país casi no se menciona, como debería hacerse, que "la tienda departamental" es Liverpool. Información que todos deberíamos tener para poder tomar la decisión, si nos pareciera pertinente, de no comprar en esa tienda, de no seguir apoyando su desafane de una situación como ésta. Así que me parece apropiado hacer algo, por pequeño que sea, empezando por dar a conocer que Liverpool es "la tienda departamental" a la que se vendían las bolsas y pinzas hechas por esclavos, y que esta empresa, tan enfática en mantener los valores tradicionales (como que todas sus empleadas tengan que ir a trabajar en falda y medias - como buenas mujercitas, nada de pantalones, como la navidad nevada que todos en latinoamérica compartimos, etcétera, etcétera) sin ningún tipo de remordimiento, sin ningún tipo de conciencia, si no se hubiera destapado esa cloaca, en este momento seguiría recibiendo sin ningún tapujo esas cajas navideñas para empacar los regalos que tenemos que comprar como parte de nuestras obligaciones de esta temporada.

En este momento sólo se me ocurre hacer eso. Estoy enojada. Sólo puedo compartir la información que tengo, y empezar por tomar la decisión de no pararme en un Liverpool y mucho menos dejarles los pocos pesos que tengo para que puedan seguir manteniendo a seres desalmados como los que mantenían su supuesto centro de rehabilitación. Pero en cuanto el enojo se asiente un poco, tengo pensado, tenemos pensado con otras personas, redactar volantes y repartirlos en las tiendas, hacer algún tipo de intervención que manifieste nuestro desacuerdo con una empresa que no es socialmente responsable, y sobre todo, nuestra indignación con ese silencio que quieren tender como un velo sobre sus despreciables acciones,


martes, 1 de diciembre de 2009

La importancia de las palabras



No hay lugar a dudas: las palabras importan, y la manera de decir las cosas hace evidentes muchas taras culturales que traemos arrastrando ya ni sabemos de dónde.

Para muestra, dos joyas extraídas del periódico Reforma, que con todo y que publican a personas como Denisse Dresser, tienen detalles como seguir refiriéndose al caso Polanski como el caso en el que el director de cine "mantuvo relaciones sexuales con una menor de edad". Señores del Reforma: cuando un señor cuarentón droga a una niña de trece años para meter su pene en su vulva y en su ano, no están teniendo relaciones sexuales. Él la está violando. Roman Polanski violó a una niña de trece años. Punto. Por genial que haya sido, por mucho que hayan matado a su mamá en Polonia, eso no borra mágicamente el hecho de que el brillante director de cine es un violador y se merece el castigo legal que le corresponda (¡Pobre! ¡Arresto domiciliario en su chalet suizo! ¡Indignación culturosa y miles de firmas!) Al referirse al hecho como una "relación sexual" se está obviando todo el dolor y la violencia ejercidas contra una mujer. Al usar las palabras "relación sexual" se da la impresión de que el hecho fue voluntario y consensual, y se suaviza la imposición física y psicológica que un hombre se sintió en derecho de ejercer sobre una niña. A través de la elección de lenguaje se borra el dolor de una víctima y se protege al victimario. No se vaya a incomodar el señor Polanski si lee que un periódico mexicano habla de que violó a una niña. Y a ésta, que la sigan jodiendo por lo que le queda de vida.

La otra: Hace unas tres semanas, en la revistilla de espectáculos que viene cada domingo, en un artículo referente a personajes que fueron influidos por Michael Jackson. Una de ellos era Rihanna. Y al papanatas, insensible, y machista escritor (Raymundo Zamarripa, para más señas) no se le ocurrió mejor manera de referirse a ella que "la pera loca más sexy del mundo"... Me quedé helada. ¿Cómo es posible que en una nota que supuestamente se refería a influencias musicales se refieran de esa manera a una mujer? Lo que es peor, a una mujer que fue víctima de violencia física a manos de su pareja. Una vez más, un ejemplo de lo poco que importa a las personas a cargo de los medios de comunicación de este país una cuestión tan grave como la violencia de género, al grado que se banaliza y se usa como gag (bastante malo, por cierto) en un contexto en el que no viene al caso para nada. Una mujer sólo es un chiste, un pretexto para hacer un comentario "chistoso", "provocador". Una mujer, para Raymundo Zamarripa, es "una pera loca"y todo lo demás sale sobrando. Y lo peor es que seguramente el tarado éste pensó que era super ocurrente su comentario.

Las palabras son importantes, y una de tantas cosas maravillosas que tienen es que pueden ir por ambos caminos. Los invito a que hagan saber a las personas a cargo de este periódico y sus suplementos que no estamos de acuerdo con la manera en que manejan la información. Que no estamos de acuerdo en sus elecciones de palabras que siguen haciéndonos menos, que siguen menospreciando nuestras experiencias en favor de sus chistes. Que no estamos de acuerdo y que ya no vamos a callarnos, porque si queremos que alguna vez desaparezca el machismo, tenemos que empezar por fortalecer nuestras palabras y hacérselas llegar a los que siguen impidiendo nuestro avance.

El mail del periódico es gente@reforma.com y el del suplemento topmagazzine@reforma.com

FE DE ERRATAS: El autor del texto de Top Magazzine no es Eugenio Guzmán, sino Raymundo Zamarripa. En el cuerpo del texto ya está hecha la corrección. Una disculpa al primero, que tan amablemente mostró mi error.